lunes, 21 de noviembre de 2011

No te preocupes si eres feo.

Tengo una dilatada experiencia con las mujeres y no es fanfarronería, es un hecho. Pero hay algo que debes saber. NO SOY GUAPO.

Verás, aunque después de leer esta entrada muchas mujeres lo nieguen te aseguro que lo harán por orgullo, porque no les gusta que desvelen sus secretos. Pero lo que te voy a contar es cierto, es un hecho incontestable, un hecho comprobado por más de 20 años de experiencia con un buen número de mujeres.

Si eres guapo ya tienes mucho camino hecho, te doy mi enhorabuena. Pero si no lo eres no tienes de que preocuparte. Hay una cosa que a una mujer le llama más la atención que un hombre guapo: un hombre sexy. Si eres guapo y además sexy te vas a hinchar a follar, no lo dudes. Pero si eres feo y sexy puedes creerme, también lo conseguirás. Es más, probablemente follarás más que un guapo no sexy. ¿No te lo crees?

Ser guapo es algo meramente genético. Los espermatozoides de tu padre hicieron un buen trabajo, pero nada más. Puedes ser guapo y tonto. O guapo y soso. Da lo mismo, solo eres guapo.
Ser sexy en cambio es una cuestión de ACTITUD. Si, actitud. Ser sexy significa tener algo mucho más importante que la belleza, significa tener carisma, personalidad. ¿La tienes?

Las mujeres, aunque parezcan complicadas y muchas veces inaccesibles tienen puntos débiles. Y te diría que todas tienen los mismos. Un hombre seguro de si mismo les atrae de entrada. Da igual el físico, les atrae. Un hombre seguro de si mismo inspira confianza, inspira liderazgo, inspira seguridad. La seguridad a la hora de abordar a una mujer es lo más importante en el arte de la seducción y del ligoteo.

La actitud va a significar un 70 % de tus posibilidades de éxito. Como mínimo. Habla con seguridad, habla como si le hablases a un niño de 5 años. Un niño de 5 años no impone, eres tú quién le impone a él. Imagina que a quién le hablas, aunque obviamente no sea así, tiene esa edad. Haz ver que en tu vida mandas tú, eso le gustará.

Contra todo pronóstico el tabaco ayuda. Si amigo, lo he vivido en mis propias carnes de fumador. Un cigarro en la boca en la mayoría de las chicas provoca un pensamiento de "oh, este tipo es sexy". Parecería que debería ser al contrario, que tendrás mal aliento, que morirás antes, pero a ellas les da igual, estamos hablando de pegar un polvo, de dejar empotrarse por ti, no le importa si mueres a los 50 con los pulmones negros. Es un hecho que le parecerá sexy. Hazme caso. Si no fumas no lo intentes, lo notará, un cigarro hay que llevarlo sujeto por los labios con estilo y seguridad, como todo en esta vida.

Se macarra. Si, al menos un poco. Es un hecho probado que una mujer que busca un marido se fijará en alguien respetable, en alguien con trabajo, serio, con un sueldo y una vida estable. Pero en el fondo a una mujer, para ser empotrada, para ser follada, lo que le gusta es un chico malo, un macarra, un malote, llámalo como quieras. Se malo. Eso si, sin pasarte. Me refiero a ser malo como estilo, como actitud, nunca con ella, no te equivoques...
Todos sabemos que a los 15 años las chicas guapas no van con el empollón de la clase. Van el chulo, con el chico contestón, irónico y macarra. Todos lo hemos visto y vivido. Pero el error es pensar que con 25, 30 o 40 las mujeres buscan otra cosa. Si lo que quieren es follar hazme caso, seguirán buscando al mismo chico malo que recuerdan de cuando eran adolescentes.

Y bueno, poco más te puedo contar. En próximas entregas profundizaré en el arte de llevarte a una chica a la cama. Pero estos son los puntos que considero básicos y que desde ya comenzarán a serte de ayuda.

Un empotrador es malo, macarra y sexy. Recuérdalo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Tu primer pecho























No, no me refiero al de tú madre. Me refiero al primer pecho que tocas a una chica. No se si para una chica también será una gran sensación la primera vez que le tocan un pecho, pero para un chico es una experiencia maravillosa. Maravillosa con todas las letras.

No recuerdo exactamente la frase pero si recuerdo que se la escuché o mejor dicho, se la leí a Steven Tyler líder de Aerosmith. Decía más o menos así: "la primera vez que tocas el pecho de una chica es la mejor sensación que puede experimentar un hombre". Y bueno, no puedo más que aplaudir pues estoy completamente de acuerdo.

Yo soy de pueblo, de un pueblecito del norte. No es como vivir en una gran ciudad en cuanto a sexo se refiere. No tienes las mismas oportunidades. La gente tiene otra mentalidad, llámala más cerrada. Y las chicas eran ante todo difíciles. También es cierto que ahora todo ha cambiado mucho, supongo que ahora un chaval de quince años tocará una teta como quién toca una mano. Pero en mi época, hace 18 años no era tan sencillo.

Ante todo me alegro de que mi primer pecho fuese también el de mi primer amor. El de la chica de la que hablo en mi segunda entrada. Llevábamos saliendo seis meses, y hasta entonces nos habíamos metido mano, nos tocábamos pero de manera muy sutil... muy inocente. Teníamos 16 años.

También debo decir que mis padres me educaron siempre desde el respeto, y tenía muy inculcado en mi ADN que a una chica hay que respetarla y nunca, jamás, forzarla. Eso lo he llevado conmigo siempre, hasta hoy. Por eso tocarle un pecho era como una gran aventura... En fin, que era un pardillo, pero es lo que hay y tampoco me arrepiento, ahora me recuerdo con cariño.

Estábamos en una discoteca, una discoteca a donde íbamos todos los jóvenes de la zona. Nada que ver con las discotecas de la ruta del bakalao de Valencia y ni nada por el estilo. No abundaban las drogas, quizá algún porro y eso si, alcohol en grandes cantidades. Nos estábamos besando sentados en un sofá de una sala interior de la disco. Noté como ella estaba predispuesta a algo más que lo de siempre. Ella iba "contenta" y yo también. En un momento dado mientras nuestras lenguas se entrelazaban y no había manera humana de despegarlas deslicé mi mano sobre su pecho, por encima de la ropa. Otras veces, ella que era niña pija y creyente (y todas esas mierdas) me había apartado la mano. Pero no lo hizo en esta ocasión, al revés, con su mano apretó la mía contra el pecho. Entonces lo entendí, tenía permiso para ir un poco más lejos. 

Metí mi mano por debajo de su camisa, torpe eso si, fui palpando su vientre, subiendo con cuidado y hasta diría que con miedo. Llegué a su sujetador, comencé a acariciarla por encima. Hasta que con mis dedos se lo bajé un poquito y noté su pezón. Pezón firme desde luego, no se si por la excitación o porque hacía un frío del carajo allí dentro. Ella cada vez me besaba con más pasión, señal de que todo iba bien y podía ir mejor. Bajé por completo el sujetador y llegó ese ansiado, maravilloso e irrepetible momento: mi mano agarró y cubrió su pecho. 

Nunca antes había tocado ninguno y fue como si de repente estuviese dentro de una película. Como si ese sueño que había tenido durante tanto tiempo se hiciese realidad, y así era. Su pecho era perfecto. Caliente, suave, blandito pero firme. Un pecho de 16 años. Mi corazón latía a 500 pulsaciones por minuto como mínimo. El de ella también. Agarré ese pecho como si fuese mío, como si me lo hubiese regalado para llevármelo a casa. 

Fue uno de mis primeros sueños hechos realidad. Ahora me recuerdo pardillo e ignorante, pero inocente y buen chico. Solo fue un pecho, pero sabe dios que en la puta vida he vuelto a sentir aquello al tocar uno. Fue uno de los mejores días de mi vida.

Tocar un pecho de mujer por primera vez es una de las experiencias que cualquier hombre recordará siempre con el máximo cariño.